Las nuevas especies invasoras de las ciudades: más resistentes y difíciles de controlar
7 de Junio de 2026
La expansión de especies invasoras como la avispa asiática y el mosquito tigre, junto con la creciente resistencia de plagas urbanas tan habituales como cucarachas y roedores, está generando una creciente preocupación entre expertos en salud pública y medio ambiente.
Coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Control de Plagas, este 6 de junio, la Asociación Nacional de Empresas de Sanidad Ambiental (ANECPLA) ha alertado sobre la necesidad de reforzar las labores de vigilancia y control ante unos organismos que cada vez se adaptan mejor a los cambios ambientales y a las medidas destinadas a combatirlos.
El caso del mosquito tigre es uno de los más preocupantes. Detectado por primera vez en España en 2004, este insecto invasor ya se encuentra presente en buena parte del territorio nacional y continúa expandiéndose hacia zonas del interior y del norte, favorecido por el aumento de las temperaturas.
Otra especie que preocupa especialmente es la avispa asiática o Vespa velutina. Esta especie invasora ha duplicado su área de expansión en España durante los últimos años. Su principal impacto se produce sobre las poblaciones de abejas y otros insectos polinizadores, fundamentales para la biodiversidad y la producción agrícola.
Plagas urbanas
Pero el problema no se limita a las especies invasoras. Las plagas urbanas tradicionales también están evolucionando. Algunas poblaciones de cucarachas y roedores están desarrollando resistencias a determinados productos utilizados habitualmente en su control, lo que obliga a las empresas especializadas a emplear estrategias cada vez más avanzadas y sostenibles.
Desde ANECPLA insisten en que la sanidad ambiental debe considerarse un servicio esencial, ya que estas plagas pueden afectar directamente a la salud de las personas, contaminar alimentos, deteriorar infraestructuras y alterar los ecosistemas urbanos.
En un contexto marcado por el cambio climático y la globalización, las ciudades españolas se enfrentan a un desafío creciente: convivir con especies cada vez más adaptadas y difíciles de controlar. La lucha contra las plagas ya no es solo una cuestión de comodidad, sino también de salud pública y protección ambiental.
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