Profesionales del ámbito cultural exigen la retirada de la Cruz de los Caídos de Cáceres
17 de Julio de 2026
Los profesionales de la cultura, creadoras y creadores, profesoras y profesores, investigadoras e investigadores, junto a técnicos y artistas de todas las disciplinas artísticas, han declarado su total oposición a la declaración de la Cruz de los Caídos de Cáceres como Bien de Interés Cultural y el apoyo a su inmediata retirada al considerarla un símbolo del franquismo. De esta manera, consideran que este símbolo es impropio en una ciudad con casi cincuenta años de democracia, que es Patrimonio de la Humanidad y que aspira a ser Capital Europea de la Cultura en 2031.
El 10 de mayo de 1938, fue Pilar Primo de Rivera quien inauguró en la Plaza de América de Cáceres esa Cruz de los Caídos, que ha sido definida por los historiadores como “el hito fundamental de la fabricación simbólica del franquismo en Cáceres”. El Gobierno de España la ha incluido en el “Catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática” y eso supone, en cumplimiento de la legislación vigente, la inmediata retirada de este monumento, a pesar de la resistencia de quienes parecen dispuestos a desobedecer la ley al pretender blindarlo con su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC).
SÍMBOLO DE LA RELIGIÓN CATÓLICA
Según estos profesionales, la Cruz de los Caídos de Cáceres no debe considerarse un símbolo de la religión católica, porque no debería ser ideológico el emblema de una religión que se pretende universal y alejada de ideologías. Su origen responde exclusivamente a la voluntad de adoctrinamiento político de la dictadura, utilizando la iconografía religiosa solo como un escudo para desviar la atención de su verdadera naturaleza.
SÍMBOLO DE LA CIUDAD
En la declaración recalcan que no puede asumirse como símbolo de la ciudad, porque la ciudad moderna que es Cáceres no debe estar lastrada por antiguallas de la dictadura. Aunque a veces se argumente que la ciudadanía ha «aceptado» el monumento, la historia urbana demuestra que las ciudades son organismos dinámicos. Cáceres ha afrontado grandes cambios urbanísticos en el pasado que la ciudadanía ha adoptado; la Cruz no es una excepción a esta capacidad de evolución.
NO ES BIEN CULTURAL
Además, los firmantes afirman que la Cruz de los Caídos de Cáceres no es un bien cultural que haya que preservar por su valía histórica, porque resulta ridículo afirmar esto en la ciudad de las Cuevas de Maltravieso, de uno de los conjuntos monumentales mejor conservados de Europa y del Museo Helga de Alvear.
Desde la perspectiva de la historia del arte y de la arquitectura, el monumento no cumple con los requisitos de singularidad, innovación formal o calidad estética que definen una obra merecedora de protección patrimonial. El patrimonio no es un cajón de objetos antiguos; el estatus de BIC exige una función social de cohesión y un valor artístico excepcional que, en este caso, no existe.
Un dispositivo de propaganda franquista no es arte, no es cultura y, por lo tanto, no merece la figura de protección de un Bien de Interés Cultural.
A las evidentes razones legales, urbanísticas, históricas, ideológicas, estéticas y culturales para quitar la Cruz de los Caídos hay que añadir la principal, que es hacerla desaparecer del paisaje urbano de Cáceres para que deje de cumplir la función para la que fue creada en la dictadura: pervivir en nuestra memoria y en la de nuestros visitantes.
CAPITAL EUROPEA DE LA CULTURA EN 2031
Teniendo en cuenta todo esto, en la declaración se establece que La Cruz de los Caídos es un residuo ideológico incompatible con los valores de la cultura contemporánea e impropio de la ciudad que aspira a ser Capital Europea de la Cultura en 2031.
Esta candidatura exige una ciudad que apueste por el diálogo, la paz y la mirada abierta. Por lo que resulta éticamente incompatible presentar un proyecto que clama por la cohesión social mientras, bajo el impulso de una ideología que añora el pasado autoritario, se blinda mediante recursos administrativos un símbolo que divide, excluye y fractura.
Si Cáceres quiere ser una verdadera capital europea, debe entender que la cultura no se construye protegiendo los monumentos de la opresión, sino liberando el espacio público para el futuro de todos.
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